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Hablemos de lo que hay. Lenguaje incluyente.

@CUDF_Oficial y @CUDF.Oficial

En muchas formas, la sociedad se ha visto inmersa en la búsqueda de la equidad de género y en esta búsqueda ha modificado diversas conductas, tradiciones y en su paso quizá a dañado algunas cosas.

Ejemplo de ello es lo que sucede con las chicas que aparecían en los eventos de la fórmula 1. En un movimiento “feminista” en el que se trata de eliminar la visión de objeto que se tiene de la mujer, en el que se trató de cambiar un enfoque que, el movimiento, supone una agresión, se dejó sin trabajo a muchas mujeres y sin sustento a un gran número de familias.

Sin embargo, este no es tema del presente artículo, aquí nos acercaremos al uso adecuado del lenguaje, o lo que consideramos como adecuado.

Algunas fracciones de la sociedad se han visto dañadas por la lascivia con que algunas frases se conforman y son dedicadas a ellas. Efectivamente hablo de las mujeres que algunas veces en su tránsito por las calles de nuestra hermosa ciudad se han visto acaparadas por otros, sean hombres o mujeres, que les dedican estas frases incomodas y en sus veces hasta grotescas.

Pero también existe un sector que se ha visto en la tarea de exacerbar la incomodidad de estas frases llevando a cambiar, no sólo el modo de expresarse sino hasta las reglas gramaticales más básicas con tal de sentirse incluidas y parte de la sociedad.

Antes de continuar, quiero destacar que no se trata de una crítica hacia un grupo social ni un ataque machista. Sólo es un artículo que pretende explicar y exponer un tema y sus puntos de vista.

Pues bien, en los últimos tiempos me he encontrado, sobre todo en redes sociales, con una discusión que parece no tener fin a pesar de la intervención de la máxima autoridad en cuestión del habla hispana, la Real Academia Española.

Pues hay textos que se escriben para tod@s, todas y todos, y todxs en estas modalidades que son bastante curiosas.

Entonces, las organizaciones refieren que el uso de estas modalidades evitan la discriminación y nos hacen incluyentes, pero no sólo se trata de hacer feminismos o feminizar las prácticas más cotidianas, pues si bien es cierto que nuestro lenguaje está plagado de términos androcéntricos y misóginos también es cierto que por muy incluyentes que seamos existe la otra cara, la de la intención con que se expresa o se hace referencia a una determinada persona.

Al inicio del presente comentaba sobre las referencias lascivas que muchas mujeres escuchan sobre su cuerpo, su forma de vestir o su manera de comportarse y pueden ser muy en el contexto incluyente de las expresiones que antes mencioné.

Ejemplos tan claros son la diferencia entre hacer referencia a un hombre que es un zorro y a una mujer que es una zorra, las intenciones de estas referencias, en lo general son dos polos completamente opuestos, pues el zorro es un hombre inteligente y cauto, mientras la zorra es una mujer de dudosa reputación.

Otro característico es “los niños no lloran” o “sólo las niñas lloran”, ¿por qué? Tanto hombres como mujeres tenemos sentimientos y emociones que de vez en cuando requieren ser expresados, y muchas de las veces se expresan a través del llanto.

Pues bien, no creo que sea necesario hablar en estos pluralismos rebuscados si, comprendemos que la inclusión y el respeto son valores que deben ser representados en nuestra intención al hablar y en nuestro comportamiento ante la sociedad. Pues es tan incluyente que se diga que en un grupo donde predominan las mujeres se diga “todas estamos de acuerdo” como si en un grupo donde predominan los hombres se diga “todos estamos de acuerdo”.

Lo correcto es referirse a ambos géneros por igual y del mismo modo hacer visibles a todas las personas que conforman una comunidad, grupo o asociación.

Política y socialmente hemos caído en actos que, si bien parecieran discriminatorios, son simples modismos.

En México tenemos una modalidad al hablar que genera una doble significación para lo dicho, es decir, se habla en doble sentido. En mi opinión es todo un arte el hablar en este doble sentido ya que no todos lo hacemos, no todos lo entendemos y no todos tienen la capacidad de hacerlo sin caer en la vulgaridad, el prosaísmo o lo grotesco.

Un ejemplo muy actual es la referencia que realizó el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, quien llamó “prietos” a los ex militantes del PRI que ahora apoyan a MORENA, en primer lugar, esa expresión fue lanzada en redes sociales mucho antes de que el anterior mencionado lo haya dicho públicamente, y lo que esta expresión refleja no es más que un juego de palabras en las que se quiere resaltar que un partido político se compone de integrantes que antes eran de uno con distinta ideología.

No es mi intención defender o atacar a nadie, pues me considero apartidista. Sin embargo, lo anterior me pareció un claro ejemplo de lo que mencioné, la intencionalidad con que se realiza una expresión es algo que por muy incluyente que quiera parecer un determinado discurso debe ser tomada en cuenta.

Otro ejemplo en este sentido, es el “ya sabes quién” con que el ex presidente Felipe Calderón hizo referencia al Andrés Manuel López Obrador con toda la intención de invisibilizarlo y menospreciarlo y sin embargo, nadie hizo mucho revuelo e inteligentemente sus asesores utilizaron el dicho para la precampaña que acaba de terminar haciéndolo aún más popular siendo objeto de comparaciones.

El cómo se dice, cómo se entiende y sobre todo el cómo se significa una frase, palabra u oración es lo que nos debe preocupar al momento de expresarnos.

Las mujeres son una fuerza atómica en este fabuloso país, quizá en el pasado fueron ubicadas detrás de la silla o de un “gran hombre”, ahora se están sentando en la silla y están caminando al lado de esos grandes hombres como las grandes mujeres que son, pero no pueden permitirse caer en la exageración, si quieren ser vistas, tomadas en cuenta o incluidas, no pueden caer en el mismo error que las mantuvo invisibles por tanto tiempo.

Una persona no llegará más lejos por pasar encima de otros y tratar de invisibilizar a los demás es pisar sobre las cabezas de otros.

Incluirme no significa excluir al de al lado.

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