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En mis tiempos...

Hace poco, a esta redacción llegó una nota que habla de las ciudades inteligentes, de hacer que la tecnología nos permita vivir de manera más cómoda y eficiente en este mundo tan cargado de estrés prisas y malos humores.

En ese momento está nota nos llevó a la reflexión de lo que está sucediendo con la tecnología para quienes no son capaces de conjuntar todo en la vida, pues la tecnología nos ha limitado la comunicación personal, ahora es mucho más fácil enviar un texto o realizar una videollamada que visitar a un familiar lejano, a pesar de que la tecnología también nos ha permitido avances en cuanto a transporte.

No ha facilitado el alimento sin tener que interactuar con otros seres vivos, en fin, un sin número de ejemplos que han afectado al ser humano, pero, ¿y la naturaleza?, ¿aquellos seres vivos que no se expresan como nosotros?, ¿qué tanta afectación han sufrido ellos?

Pues bien, hace 63 años, el Ingeniero Carlos Molina Della Paolera, comenzó a ver esta situación, comenzó a ver que el creciente ritmo de las Ciudades estaba acabando con las bondades de nuestra naturaleza, hizo visible el hecho de que las construcciones artificiales están acabando con las construcciones naturales, ejemplo bien claro de ello en la Ciudad de México es lo que ha sucedido con el Bosque de Chapultepec, el pulmón de la ciudad que en años se ha visto transgredido por la necedad de hacer crecer una ciudad que ya se está viendo sobrepasada.

Sin embargo, lo que aquí nos atañe, es justo la iniciativa de Della Paolera, buscar la forma en que las ciudades modernas convivan en un equilibrio con la naturaleza dentro del mismo territorio.

No se desconoce ni se minimiza la lucha que han realizado Instituciones, Gobiernos y Poderosos al instaurar las azoteas verdes, los jardines verticales y demás iniciativas que han procurado la vida de la naturaleza dentro de nuestra ciudad, sin embargo, también es importante reiterar la necesidad de hacer más en este sentido.

Ahora bien, Paolera sugiere que se dedique un día a celebrar esta búsqueda y es justo el 8 de noviembre de 1949 cuando se instaura en al menos 30 países en todo el mundo el Día del Urbanismo.

Estos días de celebración en los que no se habla de cuestiones superfluas e innecesarias, son, no para colgar un adorno en casa o vestirnos de fiesta, sino para reflexionar sobre qué es lo que queremos para nuestro futuro en esta Ciudad, qué es lo que estamos haciendo para regresar a la naturaleza un poco de su espacio, qué estamos haciendo para convivir sin invadir un espacio que de entrada no era nuestro y que tomamos sin considerar a sus anteriores habitantes.

Qué efectos ha causa todo esto en nuestra ciudad, en nuestra forma de vivir y sobre todo, qué vanos a dejar a nuestro paso.

Nos gustaría cerrar, sólo con estas frases que, de seguro, todos hemos escuchado en algún momento:

“En mis tiempos se podía correr y respirar mejor; en mis tiempos, este parque parecía un bosque; en mis tiempos, aquí corría un río”.

En nuestros tiempos ¿qué está pasando?

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